María Jesús Almendáriz se despide de 42 años de enfermería rural tras toda una vida dedicada al cuidado de sus pacientes

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La profesional sanitaria, que se jubilará el próximo 16 de diciembre al cumplir 65 años, ha desarrollado buena parte de su trayectoria en Aranda Rural y en localidades como Gumiel de Izán, Quintana del Pidio y Villalbilla de Gumiel.

 

 

María Jesús Almendáriz está a punto de cerrar una etapa de más de cuatro décadas dedicada a la enfermería. El próximo 16 de diciembre cumplirá 65 años y llegará el momento de su jubilación, una decisión que, aunque inicialmente no se había planteado, ha terminado asumiendo como el comienzo de una nueva etapa vital. «La jubilación también es buena, pero a los 65», reconoce. En l entrevista, Almendáriz ha repasado una trayectoria profesional marcada por la vocación, el compromiso con la sanidad pública y, especialmente, por la cercanía con los pacientes del medio rural. Una carrera que comenzó como matrona y que posteriormente continuó como enfermera de Atención Primaria, profesión que define como «científica, humana y muy humanitaria».

Su experiencia comenzó en Roa, donde permaneció durante ocho años, antes de incorporarse a Aranda Rural, destino en el que ha desarrollado el resto de su vida profesional. En este ámbito ha atendido a vecinos de Gumiel de Izán, Quintana del Pidio y Villalbilla de Gumiel, localidades en las que ha construido una relación muy estrecha con sus pacientes. «Yo he sido feliz en todos los momentos de mi vida profesional», asegura. Para ella, la enfermería va mucho más allá de las técnicas sanitarias y los tratamientos. Supone escuchar, acompañar y atender también las necesidades emocionales de las personas y sus familias. Una cercanía que, en el medio rural, se traduce en relaciones que se prolongan durante años y que llegan incluso a varias generaciones.

Una profesión que ha evolucionado con la sanidad pública

Almendáriz ha sido testigo directo de la transformación de la Atención Primaria desde sus primeros años de trabajo. Cuando comenzó, la asistencia sanitaria en los pueblos se organizaba fundamentalmente en torno al médico y la enfermera de cada localidad, con una atención centrada principalmente en la demanda de los pacientes. Con la implantación de los centros de salud, el modelo comenzó a cambiar hacia un sistema de trabajo multidisciplinar, basado también en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades.

La enfermera participó en la puesta en marcha del centro de salud de Roa, alrededor de 1985, y colaboró en la elaboración de programas y protocolos sanitarios. Entre ellos, el programa de la mujer de Burgos y Castilla y León, coincidiendo con su etapa como matrona. Aquellos primeros años estuvieron marcados por una intensa labor de educación para la salud. Las profesionales acudían a colegios para realizar revisiones escolares, enseñar hábitos de higiene dental y explicar la importancia del cepillado, además de organizar charlas en asociaciones culturales y de amas de casa sobre prevención de enfermedades y participación en los programas sanitarios.

También impartían formación en institutos sobre sexualidad, métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual. Una labor educativa que Almendáriz recuerda con especial cariño y que reconoce que siempre le ha gustado: «A mí realmente la parte de enseñar me hubiera encantado».

La cercanía con los pacientes del medio rural

Uno de los aspectos que más valora de su trabajo es la relación de confianza que se establece con los vecinos de los pueblos. Durante años ha acompañado a pacientes en diferentes etapas de su vida, desde el nacimiento de sus hijos hasta el cuidado de personas mayores.

En este sentido, destaca también el papel de las enfermeras en el apoyo a las personas cuidadoras, especialmente en el ámbito rural, donde muchas personas mayores necesitan asistencia domiciliaria. Almendáriz explica que siempre ha procurado mantener contacto con quienes se encargaban de estos cuidados para orientarles, resolver dudas y ofrecerles apoyo. Una labor especialmente importante en situaciones de cuidados paliativos, donde la Atención Primaria garantiza la continuidad asistencial y el acompañamiento de los pacientes en sus domicilios.

Ese vínculo también se ha hecho evidente en el momento de anunciar su jubilación. La profesional reconoce haber recibido numerosas muestras de cariño por parte de sus pacientes. «He recibido de ellos mucho amor y mucho cariño», afirma.

La pandemia, uno de los mayores retos profesionales

Entre los episodios más exigentes de su carrera recuerda especialmente la pandemia de la COVID-19. Almendáriz considera que la enfermería de Atención Primaria fue uno de los primeros escudos frente a la crisis sanitaria y tuvo que afrontar una situación completamente nueva, sin apenas preparación previa.

La organización de circuitos para evitar contactos entre pacientes, la realización de pruebas diagnósticas, la reorganización de agendas y espacios, el rastreo de contactos y la atención en residencias y domicilios formaron parte de una actividad que exigió un enorme esfuerzo a los equipos sanitarios.

Uno de los recuerdos que conserva con mayor intensidad fue el proceso de citación para administrar las primeras vacunas a las personas mayores de 80 años. Las enfermeras tenían que llamar individualmente a sus pacientes y organizar grupos de vacunación para aprovechar cada vial. «Fue un reto», reconoce, aunque considera que los profesionales estuvieron a la altura de las circunstancias y destaca también la colaboración de los vecinos y de los responsables municipales de los pueblos.

La importancia de mantener la continuidad asistencial

Desde su experiencia, Almendáriz considera que la Atención Primaria debe conservar algunos de los principios sobre los que se construyó. Aunque reconoce el compromiso de los profesionales actuales, advierte de que existe demasiada variabilidad en las plantillas médicas y echa en falta una mayor permanencia de los facultativos en los centros y localidades.

En su opinión, mantener a los mismos profesionales durante años permite construir una relación de confianza con los pacientes y conocer mejor sus necesidades. En su propio cupo, explica, únicamente ha tenido tres médicos durante toda su trayectoria en Aranda Rural.

Además de su trabajo asistencial, María Jesús Almendáriz también ha participado en otras iniciativas, como la Universidad de la Experiencia, donde impartió clases durante dos años, y el Comité de Ética de Aranda. Al llegar al final de su vida profesional, su mensaje es claro: reivindicar el papel de la enfermería y pedir a la población que confíe en sus profesionales. «Tenemos muchísimo potencial, mucho conocimiento y estamos para ayudar», señala. Una despedida que deja tras de sí 42 años de trabajo, miles de pacientes atendidos y una forma de entender la sanidad en la que el conocimiento científico y la atención humana han ido siempre de la mano.

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